Una boda, y mucho amor

Hace un año que envié la siguiente carta, el día después de la boda de una de mis mejores amigas. Hace un año y subrayo cada palabra que dije. Hace un año y sigo viéndola crecer. Hace un año y sigo profundamente agradecida de la serendipia que nos unió…

Busco en la RAE la definición de amor, como cualquier palabra que acabo de descubrir y cuyo significado desconozco. Lo leo despacio, intentando interiorizar cada sílaba, ver si lo entiendo, si coincide con mi forma de entender el concepto, de entender el mundo.

No lo tengo claro y me quedo pensando en lo que representa para mí, todos los ejemplos con los que hago poesía, todos los gestos que creo son el motor del mundo. Una caricia, una sonrisa, un favor, e incluso, un recuerdo.Acabo pensando en el amor, pero el de otro. El amor de ver cómo aman a quien amas. Un amor del que no formas parte, que no te pertenece, en el que no eres parte de la ecuación, pero que te hace inmensamente feliz. ¿Quizá al amar otro amor estamos amando el doble? ¿Es una ecuación de amor elevado a otros valores? ¿Por qué siempre tendemos a buscarle una justificación matemática? Y en el caso de no encontrarla nos pasamos a lo espiritual. Pero ¿por qué intentamos definirlo?

Nunca entendí eso de hacer la maleta por alguien, hasta que lo hice, nunca entendí las bodas, hasta que se ha casado una parte de mí. No es cuestión de definiciones, creo que la diferencia es vivirlo, o ser capaz de verlo en quien tenemos cerca, porque no se pueden vivir todas las vidas, pero si queremos, sí que las podemos entender.

Yo no conozco su amor más que por historias contadas, yo no veo su rutina ni cuando hacen algo especial, no tengo ni idea de qué forma discuten, ni mucho menos cómo se reconciliarán. Pero les veo, veo como se miran y se acompañan, como se quieren bien y hacen por quererse mejor. Y lloro. Porque yo no puedo abrazarla a diario pero hoy sé que no le faltará un abrazo, porque quizá no siempre estoy al otro lado del teléfono en el momento en que necesita, pero no le faltará a quién llamar, porque no puedo decirle que es la tía más guay de cada sitio por el que pasa pero tiene al lado alguien que no va a dejar de recordárselo.

Dicen mucho eso de que si amas algo lo dejes libre, que veas si vuelve, que si no no merece la pena… Yo ahora creo que el amor no es nada de eso, sino simplemente, vivir. Romper cadenas, dependencias, obligaciones de tiempo y espacios, pedir y dar, deber y estar en deuda. El amor es acordarte de alguien y sonreír, recordar aquel día y llorar, desear todo el bien y esperar poder formar parte el mayor tiempo posible. Ahora me siento libre, y no he roto cadenas, nadie me las ha quitado, simplemente las solté. Si te miras las manos verás que esas cadenas no te aprietan, que puedes sacar las manos cuando quieras.

Yo no la llamo en meses ni ella me felicita los cumpleaños, me regaña cuando no quiero ver y la regaño cuando quiere solucionar más de lo que puede, le pido que me cuente su rutina y me pide que le escriba un capítulo en mi libro. No nos agarramos, pero no nos vamos a soltar.

Tengo las mejores amigas porque no hay nada que no les pueda decir, porque siempre responden desde el amor que no da lecciones, el amor que acompaña. Tengo la mejor familia porque siempre son un sí a todo, porque la respuesta siempre es una sonrisa y un empujón. Tengo un copiloto que se muda sin preguntar, por el que me mudo sin preguntar. Tengo mucha suerte, pero tampoco olvidemos que somos un espejo, reflejamos de los demás aquello que somos con ellos.

Es por eso que no es suerte, porque toda esa gente que me acompañan son un trébol, pero que no necesita modificaciones genéticas.

PD: he escrito un libro con algunas cartas como esta, se llama Una mosca en la ventana

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