Escalera de caracol (Faro de Mesa Roldán)

Hola, la historia que vengo a contar hoy es algo especial. Todas son reflejos de aquello que veo, leo, o rebusco por internet, en todas intento contar esas curiosidades que me dejaron pensando, y esas reflexiones que espero que dejen pensando al resto.

Suelo hablar de naturaleza y su relación con nosotros, algo que creo interesante y también muy útil, pues por suerte es algo que tenemos más o menos accesible, y de lo que podemos sacar muchas cosas positivas.

Aunque a veces nos engaña ¿sabes? Cuando estás en un lugar en el que solo te rodea naturaleza, ya sea mar o campo, es difícil calcular las distancias. A quién no le ha pasado eso de creer que el camino era más corto y acabar la ruta casi para echar un pulmón.

Lo que pasa es que al no tener referencias ‘humanas’ o de elementos relacionados con nosotros, que sabemos cómo de grandes son, tendemos a perder un poco esa percepción de escala, que se vuelve automática cuando vemos personas o coches en el encuadre que tenemos delante.

A mí me pasó hace unos días, en el Faro de Mesa Roldán. No hablamos de cualquier altura, pues es el faro habitado más alto de la península y todo el mediterráneo. O lo ha sido hasta hace poco. 222 metros. Subiendo con esa información casi empezaba a sentir el agobio, el vértigo de estar a tanta altura. Pues no. 

Al llegar arriba unas vistas increíbles, un paisaje precioso, un mar imponente… Pero bueno, tampoco parece tan alto. Hasta que apareció un barco, que cruzó de extremo a extremo el paisaje tardando bastante tiempo por cierto. Pues a ver cómo te lo defino: el barco parecía de juguete. Al hacer esa comparativa, el cerebro re-calibra, y empezamos a ser un poco conscientes de la altura real a la que nos encontramos.

Ya, ya lo sé, que por qué cuento esto ¿verdad? No me digas que no es interesante… Lo cierto es que me ha hecho pensar en otra cosa, sí, también es la que te imaginas, ¿nos pasará igual con la vida? 

Que nada cambia, que todo es igual, que nos come la rutina, que pasan los años y nada, que ya casi en navidad… Hasta que hablas con alguien que te recuerda que hace 14 años que acabaste el instituto, o encuentras una foto de cuando diseñaste la Newsletter que ahora lleva funcionando dos años. Y te ves en esa otra tú, que no eres tú, aunque fueras tú.

Supongo que esas cosas son los ‘barcos’, las referencias que a veces se nos cruzan en la vida y nos reubican, y nos recuerdan la cantidad de pasos que damos cuando parece que apenas nos movemos.

¿Son buenos? ¿Son malos? Yo diría que necesarios. Hay otra curiosidad, y es que al lado de este faro hay una torre defensiva del S. XVIII, una torre defensiva con puestos de artillería que nunca defendió nada ¿Sabes por qué? Calcularon mal, y estaba tan alta, y tan lejos del mar, que era imposible que los cañones pudieran derribar nada, los disparos ni siquiera llegaban.

Supongo que por eso es necesario recalibrar de vez en cuando, para no construir en vano, para no poner esfuerzos en lugares en los que no va a funcionar. También para valorar lo alcanzado claro, para conectarnos con la realidad.

¿Otra curiosidad? Venga va. El farero, Mario, una persona de esas que no se olvidan, ha hecho un museo en el interior del faro. La profesión de farero va dejando de existir, ya que todo está automatizado y funciona de otras formas. No querría yo decir eso de ‘qué pena’ porque al final los avances tecnológicos están para usarse y mejorar la vida de las personas.

Aunque Mario ya se ha adelantado a eso, y ha redefinido el faro como un museo, lleno de faros, entre otras muchas cosas. Y es que no es una colección de figuras con forma de faro, ni lámparas, ni antiguos aparatos… Bueno sí que es todo eso, pero también mucho más.

Mario ha creado un ancla a ese engaño de la mente, un espacio en el que ser consciente de la profundidad, de la importancia y de lo importante. Una asociación cultural que une a apasionados de los faros, el mar, y la cultura. Las paredes de un edificio hoy por hoy ‘inútil’ que están cubiertas de arte hasta el borde, que lo rebosan, que lo rehacen como faro, pues sigue siendo guía.

Mario se jubila, y el faro seguirá siendo faro, pero sin farero, y se siguen construyendo faros, que ya no tendrán farero, como el último construido en España, que también está en Almería y es el de Mojácar. Sin embargo, el Faro de Mesa Roldán es un museo dedicado a la memoria, a la cultura y al arte.

Y nosotros, tú y yo, tenemos dentro otra escalera de caracol, otro camino al cielo para disfrutar del paisaje que es nuestra vida. Llevamos dentro otro museo de pasado y nos brilla por encima una bombilla de futuro.

Que no se te despisten los barcos, que todo es aquí, que todo es ahora, que la escala más realista, es el presente.

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