¿Sabes que la luna nueva apenas se ve? Es una línea, lo que C. llamaría la cáscara de una tajá de melón. Siempre que salgo atardeciendo, o de noche, la busco. No sé si te pasa. Necesito situarla como la línea de mar en el horizonte, saber dónde está, como el que apoya un pie en el suelo para saberse estable.
Supongo que es esa sensación de que si brilla todo está bien. No ha pasado nada tan importante, la luna sigue brillando. Brillando… ¿Tú la imaginas así? Como una gran bombilla que emite luz sobre nosotros. Yo también. Aunque ahora que lo pienso… La luna no brilla.
Es una piedra.
Ya, ya sé que la vemos ‘brillar’ porque le llega la luz del sol, pero la tenemos por un objeto brillante, así a primer pensamiento, y en realidad no emite ni un solo fotón.
¿Pasará lo mismo con las personas?
Somos un puñado de materia, no especialmente reflectante, a no ser que tengas mi mismo color de piel y en invierno también te vampirices un poco… Pero bueno, en general, no brillamos.
Y aún así, hay gente, que jurarías que la ves emitir luz ¿verdad? Quizá solo sea nuestro reflejo, que saben cómo proyectarlo para que se haga de día en plena noche. También es cierto que, cuando algo brilla demasiado, nos ciega. Y es una putada.
Pensamos en las personas como algo totalmente ajeno: ella es así, él tiene esa personalidad, qué ocurrencias, qué forma de hablar, cómo me mira, qué forma tan bonita de cuidar…
Y se nos olvida la parte en que nosotros también estamos siendo. Emitimos distintas cantidades de luz, reaccionamos de distintas formas, mandamos distintos mensajes como el que hace girar un espejo al sol, cambiando el foco de un elemento a otro.
Todos somos piedras que reflejan luz. Todos somos soles que lo emiten.
Todo es un ciclo interconectado con una única verdad: nos buscamos. Necesitamos buscarnos como la línea de mar en el horizonte, para sabernos estables.
Igual que ese mono bebé que se abraza a un peluche cuando el resto de monos le rechazan. Creo que nos enternece tanto porque nosotros andamos abrazados al móvil, al trabajo y a la prisa, para no sentir aquella luz que nos rechaza.
¿Hacemos una cosa?
Vamos a hacer un selenelion. Es un tipo de eclipse un poco extraño, en el que, desde un punto de la tierra, podemos ver a un lado el sol y al opuesto la luna. Te explicaría las razones científicas pero nos vamos del tema. Y además no tengo ni idea.
Total que, a diferencia de un eclipse solar o lunar, nadie a tapa a nadie. Así que vamos a pensar en alguien que sea un sol: que te ilumine, que te alegre el día, que te aporte brillo… Y también en una luna: con quien te sientas tú, que te entienda, que te haga sentir brillante…
¿A qué esperas para decírselo? Has estado media hora haciendo scroll en alguna red social, tienes tiempo de mandar un mensaje antes de que acabe el día.

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PD: si eres más de papel, hice un libro con muchas de estas cartas, se llama ‘Una mosca en la ventana’
