Un ejemplo de lo extraordinario

Nos preocupa tener cicatrices. Cuando nos quemamos, cortamos o golpeamos, cuando tenemos algún accidente algo más importante… cuando pasa ‘el susto’ nos queda la duda de si quedará cicatriz. Analizamos la zona, pensamos cómo de visible es y prometemos usar crema u otros productos para que la señal, después de todo, no acabe siendo demasiado evidente.

Sin embargo, tenemos otras, de cuando no le dábamos importancia, aquella vez que nos caímos jugando en el parque, el corte de aquello que no debimos coger en un día de campo, la quemadura de esa advertencia de nuestros padres que desobedecimos completamente… Señales de cuando solo nos importaba ser niños y jugar y atrevernos y probar, de cuando no pensábamos a todas horas en mañana, de cuando aún no nos culpábamos del pasado.

Ahora pienso que podemos usarlas, que no tienen que ser un problema. De igual forma que contamos esas anécdotas, que por un momento, nos llevan a momentos felices o épocas que recordamos con cariño; podemos usar lo que nos pasa como tótem.

Verás, un tótem es un objeto sagrado, un símbolo, un progenitor o protector en algunas culturas, un lugar dónde recargar energía en algunos puntos de la sierra de Almería, e incluso un objeto con el que diferenciar la realidad del sueño en la película Origen. Un tótem pueden ser muchas cosas, una figura de madera de 300 kg o un opérculo que llevar en el bolsillo en mi caso.

Yo, que siempre llevo pulseras que me recuerden esto o aquello, caracolas rotas por los bolsillos y colgantes que apretar cuando no sé dónde agarrarme, he empezado a usar las cicatrices de tótem.

Te pondré un ejemplo, imagínate que siempre te has mordido las uñas, no sé si es tu caso, pero por suerte has conseguido dejar de hacerlo. Quizá te crezcan bien o quizá se note un poco los años de ausencia y castigo en tus dedos, pero en cualquier caso puedes convertirlas en un tótem.

Conseguiste algo que no creías posible, que dudabas de ser capaz de hacer, y ahora te puede ayudar cuando no sabes qué decisión o camino tomar, cuando se acerca un día importante o ante cualquier otra cosa que te pesa de más en la cabeza. Mírate las manos, y acuérdate, ya conseguiste cosas que no imaginaste, merece la pena volverlo a intentar.

¿Nunca te has mordido las uñas? Vale yo tampoco, pero seguro que has dejado de fumar, o conseguiste aprobar el examen de conducir, o ganaste aquel concurso, o conseguiste superar aquella enfermedad, o has sido capaz de seguir viviendo con esa otra… Busca tu tótem, seguro que tienes dónde elegir.

No somos capaces de todo, ni podemos hacer lo que nos propongamos, ni siquiera es cierto eso de ‘si quieres, puedes’, no te engañes ni te dejes engañar, porque también existen las decepciones y los pasos atrás. Pero sí es cierto que la actitud es una parte muy importante, la forma en que afrontamos aquello que vivimos va a influir mucho en los resultados, seguro que también tienes algún ejemplo en que lo comprobaste, y tener esos auto-recordatorios puede sernos muy útil, para, como mínimo, intentarlo.

Dicen en Origen, la película, que lo importante para que un tótem sea válido es que nadie conozca su peso o características concretas, que solo tú seas capaz de reconocerlo. No lo olvides. Nadie sabe lo que te costó conseguir lo que conseguiste, da igual lo que sea, porque solo lo sabes tú, porque solo tú recorriste cada paso de ese proceso, interno o externo, y nadie tiene derecho a juzgar cómo de válido es.

Espero que ya tengas tu tótem, tu muestra de la realidad, tu ejemplo de lo extraordinario.

Y recuerda, lo hicimos una vez.

Podemos volver a hacerlo.

PD: solía escribir una carta semanal que enviaba al correo. Ahora no lo hago, pero probablemente vuelva a hacerlo pronto, si quieres enterarte cuando pase, inscríbete.

PD1: hace poco ando por Substack, si quieres echarle un ojo, te dejo mi perfil aquí.

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