Trabaja en un restaurante ‘fino’ al que tiene pinta de odiar, no tiene relación alguna con clientes que pasan por allí semanalmente, poca gente sabe si hay algo más en su vida o es tan vacía como aparenta. Genera rechazo, no es una persona agradable. Le llaman el maître porque nadie sabe su nombre.
El roquero tiene un peinado moderno, quizá demasiado juvenil para su edad. Más que andar, flota. El roquero transmite tranquilidad, mira a los ojos mientras sonríe, es amable con la gente que pasa por su pequeño bar de tapas y siempre tiene un comentario listo para quien le visite. Tiene nombre, mujer, hija… sabemos que tiene todo porque lo muestra, porque lo comparte, porque forma parte de su rutina, no sabemos si más o menos agradable, pero sí que demuestra disfrutarla.
El maître y el roquero son la misma persona. Conocí al maître hace algunos años, trabajaba en un restaurante al que suelo ir. Nunca hablé con él más allá de lo necesario, nunca me cayó del todo bien. Hace unos meses volví a verlo, me costó reconocerle, parece literalmente otra persona. Ahora es dueño de un pequeño bar de tapas, viste como quiere y su barra la comparten familiares y desconocidos.
Te cuento esta historia porque me ha servido para aprender algo que quiero compartir contigo. No me refiero a que a veces las cosas no son lo que parecen, ni a que creemos conocer a las personas cuando sabemos muy poco de su vida, ni siquiera quiero hablar de prejuicios.
Intentamos caber en huecos que no son para nosotros, o nos vemos obligados a intentar caber, y eso duele. Nos sentimos en un lugar que no es el nuestro, haciendo cosas que no haríamos, en una posición que no nos representa o rodeados de un ambiente que somos incapaces de respirar.
Y no somos tristes, no somos serios, no somos bordes, ni posiblemente seamos tan callados. Sí puede ser que estemos tristes, estemos serios, estemos bordes y en consecuencia, estemos callados. Todos vivimos en una búsqueda, laboral, familiar, vital.. puede ser de muchos tipos y tener muchos tiempos, pero en eso consisten los procesos.
Así que júzgate un poco menos, dedica esa energía a reconocer esos sitios donde no estás cabiendo, a entender el por qué, a buscar formas de buscar otros espacios y con suerte, encontrarlos. No eres lo que estás siendo en este momento, sino una compleja mezcla de eso, con lo que fuiste y lo que esperas ser en el futuro. Lo más importante es ser valiente para hacerse las preguntas correctas y atreverse a responderlas. Cuando puedas hacerlo.
También aprovecho para decirte algo más, juzga un poco menos, que seguramente esa persona tenga razones que desconoces, y tendrá batallas que no te puedes ni imaginar, exactamente igual que tú. Y no, ya sé que no será lo mismo, y siempre te va a parecer que lo tuyo es más, porque lo estás viviendo, porque es tu piel. Pero créeme que si abres un poco la mano a quién necesita apoyarse, también encontrarás manos en las que dejarte descansar.

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