Hábitos imperturbables

Este verano vimos una manta raya. El mar es enorme pero esa manta raya pasó nadando por nuestro lado. Como si el turismo masivo no estuviera destrozando su tiempo, como si quedase algo de esa naturaleza que matamos por disfrutar. La matamos a ella digo.Era época de desove, y se acercan a la orilla para dejar sus huevos. No son peligrosas, al menos no tanto como nosotros para ellas.

La imagen es curiosa, una masa de personas paralizadas (o corriendo a buscar sus móviles) que la miran con fascinación desde el agua, la orilla, o el margen de arena fresca que ofrece su sombrilla.

Un trozo de naturaleza que avanza entre la gente, imperturbable.

Pasa al lado de unos chicos que ni la ven. Juegan con su tabla hinchable, se suben, se caen, se vuelven a subir, se vuelven a caer, se empujan, ríen… pero les pasa por al lado, y no la ven.

Cuando la manta raya se va alejando, reparo en la gente que tengo alrededor. Una madre que intenta explicar a su hijo qué era esa mancha negra, un hombre mayor que comenta con la sombrilla de al lado que vio como una golpeaba a un amigo, un chico que postea en redes que veranea en el paraíso…

Entre esa gente veo a un hombre que corre, que se acerca a los chicos de la tabla hinchable y les señala en dirección al animal. Casi parece preocupado. Los chicos tardan unos segundos en entender lo que el hombre les explica.

Se aproximan a la manta raya y nadan junto a ella hasta que dejo de verles entre las olas, los bañadores y un montón de espaldas quemadas.

¿Por qué te cuento esto? Lo primero que me vino a la cabeza fue eso de ¿Cómo he podido estar tan ciega? Que tantas veces nos decimos, siendo más o menos justas con nosotras mismas.

Y quizá sea simplemente eso, que nos pilla mirando hacia otro lado. Estamos ocupados en salpicar y hacer ruido, y la calma nos pasa por al lado sin verla. ¿Pasa igual con la suerte? Puede que su existencia sea simplemente que seamos capaces de ver las oportunidades, o no.

Pero al margen de lo evidente, ¿Por qué tiene que ser una pérdida algo que no queríamos? ¿Y si esos chicos realmente preferían seguir jugando? ¿Van tras el animal porque quieren o porque es lo que se espera? Claro si llevamos estas posibilidades al resto de ejemplos en nuestra vida, es muy difícil separar aquello que queremos de esas cosas que simplemente hacemos porque ‘es lo que se hace’.

Se tarda mucho en saber qué queremos, yo diría que nunca se aprende del todo, pues siempre vamos a descubrir cosas nuevas y siempre vamos a estar en continuo cambio. Menos mal. Aunque es cierto que dedicar un poquito de nuestro tiempo a esta ‘investigación’ puede ayudarnos.

Y no, no hablo de grandes cambios trascendentales, que nos convirtamos en otra persona, ni nada por el estilo. Me refiero a que si descubres que a ti te relaja dedicar una hora a la semana a regar las plantas, quitar las partes secas y limpiar el lugar en el que están, pues tendrás una hora a la semana en la que relajarte. Y da igual que para otras personas sea un incordio.

Cualquier cosa muy grande está hecha de muchas cosas pequeñas. Y la vida también.

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