El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes | Tatiana Tîbuleac

Un libro entero dedicado a unos ojos ¿puede parecer repetitivo? Elegí este libro por el título, y también por mi debilidad por cualquier intento de explicar lo que esconde la mirada.

El protagonista del libro dice que los ojos de su madre “lloraban hacia dentro” y que “eran cicatrices en el rostro del verano” e incluso que “eran un despropósito”, entre otras muchas cosas. Supongo que en ningún caso basta con una definición.

A mi me faltan datos, constantemente en este libro, muchos datos que pueden parecer necesarios para entender qué esta contando en realidad, o de qué está hablando. Sin embargo cuando va avanzando el libro, aunque siento que quedan multitud de cosas sin explicar, me doy cuenta de que eso hace los sentimientos más puros.

Me da la sensación de que es algo parecido a un poema. ¿Qué hace los poemas tan universales? Que los entendamos en base a nuestras vivencias, es decir, los interpretemos. Y eso es lo que acaba haciendo esta novela, pues te transmite la rabia, el dolor, el perdón, e incluso el amor, sin atarlo a una realidad estática e inamovible. Te tira a la cara esos sentimientos sin etiquetarlos, para que seas tú quién decida lo que representan.

De la misma forma deja pinceladas de suicidio sutiles pero convertidas en un tiro certero como: “La imposibilidad de morir cuando tenía la necesidad absoluta de hacerlo fue la injusticia más grande que se ha cometido conmigo, y conmigo se han cometido muchas injusticias.” O tal vez “Yo reía, reía y le decía que algún día seguro que me suicidaría, pero no ese día.” Bueno creo que la mejor forma de comentar estos fragmentos es con otro que dice “espero que no lleguéis a ver nunca a un psiquiatra riéndose.”

Habla mucho sobre la soledad, tanto individual como la que se vive en grupo, en familia quizá, y claro no puede faltar el guiño de escritora: “Vuelvo al cuaderno como a un placebo”. Empiezo a pensar que siempre nos acabamos dejando notas para ‘incitar’ a la escritura, o posiblemente solo sean recordatorios para nosotras mismas.

Otra nota especial para escritores que casi te paraliza es: “No escribas, Aleksy, por favor. Es posible olvidar los colores, las palabras, no.” Yo he sentido el golpe en las costillas, no nos vamos a engañar.

El libro entero es una práctica de escritura en realidad, un cuaderno que se escribe para organizar recuerdos, ¿acaso no escribimos siempre para eso? Y sobre los recuerdos me llama la atención el siguiente párrafo:

“Los recuerdos, como todas las cosas buenas, son caros. Y nosotros -ella con mi padre, y yo – fuimos siempre unos tacaños y preferimos siempre invertir en nosotros mismos antes que en recuerdos.”

¿Qué significa invertir en recuerdos? O mejor dicho ¿Cuánto solemos invertir en recuerdos? Es imposible estar en más de un lugar a la vez, aunque a veces vayamos tan deprisa que casi da la sensación, sin embargo los recuerdos necesitan tiempo. Los recuerdos suelen ser de dos tipos: aquello significativo que ocurre en un determinado momento y por su característica especial se graba para siempre, o, por otra parte, aquellas cosas que repetimos tanto que durante una época fueron rutinas, y eso necesita mucho tiempo.

Las comidas familiares, los viajes planificados, o sin planificar, pero que implican no estar haciendo otras cosas, las costumbres anuales, como la navidad… Todos los recuerdos necesitan tiempo. Incluso los que deformamos.

Finalmente, me llamó mucho la atención que hablando de arte, y la venta de obras, menciona que “Los seres humanos están destrozados y buscan cosas destrozadas.” Y es cierto que lo hacemos, quizá por sentirnos entendidos. Yo, sin saber nada de música, busco las canciones tristes que me canten lo que yo cantaría, si supiera cantar.

Y supongo que con la escritura o cualquier otro tipo de arte ocurre algo similar, necesitamos que alguien haga algo bonito con un dolor que se parece al nuestro, puede que para no sentir que es inútil ese sufrimiento.

Aunque, ¿estamos destrozados? Yo creo que sí, y no es una opinión catastrofista, sino todo lo contrario. Creo que la felicidad no existe, aunque sí los momentos felices. Por esta misma razón estamos destrozados, todos, en alguna parte de nuestro interior. De la misma forma que podemos tener partes completas, brillantes y preciosas. Supongo que eso es vivir.

Hablando de vivir, termino dejándote con una frase:
“Cuántas cosas habría podido hacer en la vida”

Ojalá nunca tengas que decirla.

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