Comerás flores | Lucía Solla Sobral

Me ha costado acabar este libro. Me ha costado mucho. Lo cierto es que al principio no me llamó la atención, una historia más, un duelo más, un amor más. Y sin embargo, antes de llegar a la mitad, ya se había convertido en un libro inolvidable. Voy a empezar por el titular que debería decir al final, y es que me he pasado medio libro pensándolo:

‘Este libro debería leerse en los institutos’

Y creo que bajo ese eslogan se explica entero. No hay grandes frases elaboradas, no hay situaciones de esas que solo pasan en los libros, no hay un duelo descarnado que hace locuras, ni un amor que las ponga por bandera. O sí. Quizá eso sí.

Hay una chica, joven, viviendo un duelo, como puede, y un novio, algo mayor. Marina dice varias veces a lo largo del libro qué cosas tiene, realiza listados de propiedades, de sentimientos, de personas e incluso de animales. Sus posesiones o quizá lo que maneja de su identidad en ese momento.

La escritora dice que la violencia de género no necesita ni una sola muestra física, tangible, sangrante y doliente. La escritora cuenta todas esas violencias que no son visibles, como los ejemplos de una buena amiga. Por eso creo que debería leerse en los institutos, porque ojalá haberlo leído en el instituto y comentarlo con mis amigas, y haber tenido unos ojos muy abiertos y unas señales de alarma muy claras, y pies pa’ que os quiero, y para querernos ya estamos nosotras.

Me ha costado acabar el libro porque me ha dolido, porque he sentido cada una de esas heridas invisibles que deja esa mierda que a veces llamamos amor. Y también un poquito porque no quería que acabase, y que esa primera vez fuera para siempre, porque es un libro de los que no se olvidan, de los que se recomiendan, de los que se regalan incluso.

Es un ‘libro salvavidas’ diría yo, porque esconde, entre página y página, ese pequeño botoncito que puede hacer clic en alguna cabeza ciega. Y por eso no es solo un libro. Es una herramienta, educativa, cultural, social y poética, profundamente poética.

Porque sí, también está escrito de una forma preciosa y maravillosa que te hace sentir incluso el ritmo al que piensa la protagonista. Sientes las vacilaciones, la desesperación, el cerebro atropellado de ideas contradictorias y el amor. También sientes el amor.

Pensaba añadir que se me ha quedado un poco corto el duelo, lo que se habla de él o las situaciones en las que aparece. Quizá porque fue lo que en un principio me llamó de este libro. Pero una vez terminado lo veo de forma diferente. Creo que incluye un duelo real, líquido, que se cuela por los huecos de todo lo demás.

No hay grandes acciones ni reflexiones en torno al duelo, pero se le huele en cada página, y creo que incluso en eso la autora ha hecho un trabajo de alquimia sublime. En frases tan cortas como ‘un miedo que fue más grande que el miedo a la muerte. El miedo al dolor de los demás.’ está toda la pena guardada muy juntita y toda la empatía que rebosa y todos los corazones rotos que intentan ayudar.

Quiero acabar con, la que es para mí, la mejor frase del libro, y sé que es la saudade en la que menos citas he añadido, pero es que este libro hay que leerlo chica, no puedo contarte más.

‘Se me cayó el lenguaje y se me pusieron ojos de mar.’

 

PD: Reflexiono sobre otros temas en el blog de la web.

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