Acostumbro a echar de menos, como sensación, como sentimiento, como forma de vivir. La viuda que vive para esperar. Esperar a quien nunca volverá. Vivir buscando algo que no existe. No parece muy esperanzador, aunque eso era la alquimia ¿no? Y nos dejó una palabra bonita, varios montones de descubrimientos y miles de textos que adornar con la referencia.La única diferencia entre la alquimia y mi dolor, es creer, más allá de la realidad. ¿Acaso con eso basta? Proyectar, creer, tener objetivos, buscar propósitos, no rendirse, insistir… Porque quizá no sea imposible.
Yo echo de menos como alquimia sin esperanza, de una forma completamente inútil, imposible de romantizar. Aun así, sigo luchando por la alquimia, en cada libro, en cada texto, en cada pintura, en cada una de las veces en que me empeño en creer que el arte es oro.
Espero encontrar en el arte la reacción química que me aleja de la locura, y me acerca a lo más preciado por el ser humano: sentir que valió la pena.
Ahora necesito comprar todos los libros, leer cada referencia con la pasión absorta del que espera encontrar. Aunque no, no quiero conocer las teorías en las que se asentaba, quiero conocerlos a ellos (ojalá también encuentre un ellas escondido entre el peso de la historia).
Quiero conocer a las personas que se dedicaban a la alquimia, ¿ricos aburridos o pobres queriendo dejar de serlo? ¿Personas apasionadas o incapaces de asumir sus propios fallos? ¿Valientes u orgullosos? ¿Con razones o buscándolas?
Necesito llegar a esas razones para que me devuelvan las mías, para que cese el ruido y asome por la puerta aquella niña que escribía poemas al campo y cartas al amor más sincero, el que nunca se reconoce. Esa niña que tiene un libro, entre muchos libros, y seguramente escrito por una mujer que hicieron muda.
Dentro de ese libro, entre fórmulas que no puedo entender, seguro que hay unas páginas escritas a mano, una carta desprovista de teoría, como en los huesos, como aquel diario de Marie Curie que tanto duele. Su texto tendrá todas las respuestas, escritas en otro siglo, para no ser leídas nunca, como la paradoja del árbol que cae solo en el bosque… ¿Es menos real algo que carece de realidad? ¿Qué es la realidad sino aquello que nos acelera el pulso?
Yo vivo buscando algo,
algo que no existe.
Aunque nadie dijo
que no se pueda inventar.

PD: he publicado un libro, bueno dos, puedes saber de ellos aquí.
PD1: también pinto cosas, tan chulas como las que tienes aquí.
