En 2019 se grabó por primera vez el latido de una ballena azul. Lo mismo parece una tontería pero estamos hablando de un sonido de tan baja frecuencia que somos incapaces de percibir, pero que sin embargo puede llegar a escucharse a más de tres kilómetros de distancia.
La ballena azul es el animal más grande del mundo, también el más grande que ha existido nunca, que se tenga constancia. Puede pesar hasta 180 toneladas y, solo su corazón, pesa alrededor de 180 kilos. El experimento por el que consiguió recogerse este sonido, concluyó con datos tan interesantes como que su ritmo mínimo es de 2 latidos por minuto, cuando se zambulle y comienza el descenso, hasta 37 de máximo cuando regresa a la superficie.
No existe un animal más grande porque no es posible, ni más ni menos. Su corazón ya funciona cerca del límite que puede soportar un corazón.
¿No te interesan las ballenas? Bueno a mí tampoco es que me apasionen pero no me digas que no es interesante. Aunque ya sabes, estos datos me suelen llamar la atención por otras razones.
¿Somos ballenas? ¿Crees que nuestro latido se aprecia de lejos? ¿Crees que somos tan grandes cómo es posible? ¿Tenemos tanto corazón? ¿Somos los más grandes del mundo en algo? No quisiera yo decirte que no, pero siendo sinceros, no nos parecemos mucho ¿verdad?
Sin embargo, sí creo que existe una versión ballena de nosotros, algo así como un alter ego que es un poquito más de todo lo que nos hace ser nosotros. Y si no existe, siempre lo podemos inventar.
¿Qué es nuestra versión ballena? Pues yo diría que es esa persona que somos algunas mañanas, cuando nos levantamos creyéndonos muy capaces, y casualmente todo parece encajar, y los objetivos del día se cumplen de sobra, y llegan buenas noticias, y proyectamos avances aún más grandes, y nos gusta lo que devuelve el espejo, y queremos mucho y queremos fuerte y nos gusta acompañarnos del resto…
Solo es una versión, porque eres tú, como el resto del tiempo que sigues siendo tú. Quizá la diferencia sea que tus defensas están especialmente fuertes, que se han dado un cúmulo de situaciones positivas, que está empezando el buen tiempo, o que tienes un planazo el fin de semana que anima a cualquiera. Entonces ¿podemos ser esa versión cuando queramos?
Ya, ahora viene el bajón, no es tan fácil. Aunque ya sabes, casi todo se puede aprender, y esto no va a ser menos. Igual que necesitamos dejar las llaves a la vista para no olvidarlas al salir de casa, nuestra ballena necesita estar en nuestro campo de visión. Localizar eso que nos hace fuertes, nuestra verdadera fuerza, eso que hacemos como nadie, y no porque lo hagamos mejor, sino porque lo disfrutamos con todos nuestros sentidos. Una vez lo encontremos, y le veamos grande e imponente como una ballena, puede que consigamos atraer el resto de cosas.
Tengamos en cuenta su latido, está presente, podemos escucharlo aunque lo que hagamos en este justo momento esté muy lejos de lo que nos gustaría hacer. Ya decía Elvira Sastre eso de ‘busca el latido’, y es que nada llega si no se va a buscar. Permitámonos vernos grandes, más grandes, ¿por qué no? No nos cuesta nada vernos pequeños en un rincón cuando las cosas se ponen feas, pues ahora dediquemos el mismo tiempo a vernos enormes, imponentes.
No te olvides de adaptar el ritmo de tu latido, mantenerlo muy bajito para vivir en paz, guardar toda la fuerza para cuando podamos crecer, no dejar que suba cuando estamos descendiendo, ahorrar energía para la subida. Y al subir, dejarnos el latido, el corazón y el pecho para romper nuestra coraza, empujar muy fuerte contra cada ‘no’ hasta que no quede ni la señal de su paso. Que lo mismo llega otro, llegan miles, pero no será ese, ese escalón ya lo hemos subido. Incluso si necesitamos volver a bajarlo, ya lo sabemos subir.
Y no, no tengo la menor idea de la utilidad de esta teoría, porque aún no llegué a meta, porque espero no llegar si de quedarse sin objetivos se trata. Aunque sí, sí que sirve para seguir adelante, escoger direcciones, probar, avanzar, y nunca parar.
Mima tu versión ballena, escucha su latido, y hazla sentir especial.

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