He pintado un banco, sí, uno de la calle, y no puedo negar que ahora quiero pintar todos los muebles y escribir en todas las maderas que veo. Me ofrezco a vandalizar cualquier mueble que tengas por casa.
Y eso que no lo tenía claro, para nada claro. Mi material seguro es la tela, y me manejo mucho mejor pintando en ella, pero hay que probar, y estoy orgullosa con el resultado. Sin duda me quedo con la última frase de la pareja mayor que cada día ha venido a visitarnos mientras trabajábamos. Porque sí, han sido varios días, 14 horas de trabajo hasta dar con el resultado suficiente para alguien tan perfeccionista como yo.
Como decía, cada tarde, un señor mayor, bastón en mano, con su gorra blanca, llegaba dándonos las buenas tardes con paso lento, nos animaba diciendo lo bonito que estaba quedando y nos contaba alguna curiosidad del pueblo. Poco después aparecía su esposa, para decirnos que se alegraba de tener un banco para descansar en sus paseos, que estábamos haciendo ‘una obra de arte’ y que ‘suerte y hasta mañana’.
El último día, como cada tarde, volvieron. El banco ya estaba casi terminado, estaba añadiendo el texto escrito, y al despedirse, la señora nos dejó un ‘nos acordaremos de vosotros cada vez que pasemos por aquí, gracias por dejarlo tan bonito’, y absolutamente todo lo demás pasó a darnos igual. Quedamos más que satisfechos.
Pero bueno, ya que no me ha preguntado nadie, voy a explicar este diseño tan ‘poco’ mojaquero. Cualquiera que escuche hablar de Mojácar, seguramente tendrá en su cabeza esa imagen imponente de pueblo blanco clavado en la montaña. Y para mí también era así. Sin embargo con los años me fui dando cuenta de que es todo lo contrario. Mojácar está llena de buganvillas, jazmines morados, cactus, flores, palmeras, y por supuesto el mar. Todos los colores de la naturaleza, y es que también la rodea esa montaña de tonos marrones que va cambiando según la época del año.
Y no es solo eso, este fin de semana se celebra la fiesta de Moros y Cristianos, que descubrimos hace unos años y yo soy incapaz de explicar. Además del ambiente y lo que incluye la fiesta, en su último día hay un desfile, un desfile enorme lleno de grupos de personas vestidos de todos los colores que te puedas imaginar. Entonces, ¿cómo va a ser Mojácar un pueblo blanco?
Eso representa este diseño, cada detalle, cada atardecer que nunca es igual al anterior, cada luz llegando a cada rincón de mil formas diferentes. Y a eso se refiere el texto de la base del banco:
“Nace una raíz invisible bajo esta tierra. La leyenda inacabada que nunca será posible acabar de contar del todo. El ‘Monte Sagrado’ que tantas culturas conocieron, el hilo azul mediterráneo, de nudo marinero, atado bajo la luna llena. Para ti será un viaje pendiente, esperar para volver a volver, soñar con el mar y pedírselo a cada atardecer. A Mojácar le pertenece todo el blanco, aunque si la miras de cerca, si la vives desde dentro, encontrarás cactus y buganvillas, puertas y fiestas de mil colores. Personas y atardeceres que te acompañarán para siempre. Verlo todo te hará conocerla de verdad, y saber que, en realidad, Mojácar está llena de color.”
Poco más puedo añadir. Que ha sido una experiencia preciosa, que es un placer que las administraciones tengan en cuenta el arte para hacer mejores los espacios públicos, y que, una vez más, sé que elegí al mejor copiloto. Alguien que se cuelga la cámara, coge pinceles y lo que sea necesario por apoyarme, qué más se puede pedir.
Siempre he creído que los bancos son algo especial, como los sofás, no son solo muebles, sino espacios que vivir, llenos de vida y con historias propias. Ha sido una suerte poder dejar un trozo de la mía en uno de ellos.

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