El celo | Sabina Urraca

Hace ya tiempo que acabé este libro y no encontraba el momento para hablar de él. Pero tampoco le olvidaba. Pensé no hacerlo, no sé qué decir, dejarlo ahí, un libro más, ya hablaré del próximo. Pero tampoco he podido dejarlo estar.

Se me ha quedado como una raspa de pescado en la garganta, subiendo a veces, haciendo como que baja otras, pero sin dejar de molestar, de hacerse notar.

No sé cuál es el objetivo del libro, si es que los libros tienen un objetivo. No sé qué quería contar la autora, qué primera idea le llevó a sentarse a contar esta historia, pero a mí me ha parecido un texto elaboradísimo sobre feminismo.

Habla de mujeres, de muchas, de todas. Habla de la marca que deja en nosotras el hecho de ser nosotras, de habitar nuestro cuerpo, de vivir en nuestra vida, con nuestro alrededor, con nuestro contexto histórico, con lo perdidas que nos sentimos tantas veces.

Un feminismo muy crudo porque no trae soluciones, más bien te tira el problema a la cara, y se va, disfranzándolo de rutina, que sabemos que lo es. En la parte posterior del libro se lee que ‘con su descarnada delicadeza es capaz de salvarle la vida a alguien’, supongo que es uno de esos espejos que nos cuesta mirar, porque no vamos a reconocer lo que veamos en su reflejo, o quizá porque sabemos perfectamente lo que nos devolverá ese reflejo.

Además de eso, hace lo mismo con nuestra generación, con textos como:

“Le dice ay lo siento como si el abuelo estuviese ya muerto. Son una generación que va enviudando de abuelos, que atesora un manojito de recuerdos tiernos e ignora las ortigas para poder seguir adelante alimentándose de nostalgia. Ya que no tienen futuro prometedor, al menos hinchar ese pasado en el que los abuelos les dijeron que lo merecían todo.”

Uf. Imposible comentarlo. Como ‘vivir es ir estropeándose’, o ‘no cree en Dios, pero lo echa de menos’, otras citas del libro que se explican solas supongo, o yo no tengo palabras para hablar de ellas.

No sabría hablar de este libro como un todo porque todo el tiempo son puntas de fleco que acaban colgadas en el vacío, aunque vengan del mismo nudo. Sí que me hace preguntarme si la Humana se parece tanto a todo el mundo como siento que se parece a mí, si cualquiera ve reflejada en ella a una parte animal propia.

‘Quizá el problema de la humana sea que se acuerda de demasiadas cosas con demasiada exactitud’ Y tanto.

Parece hacer también un alegato a los cuidados, a los que duelen, a los inútiles, los que van a saco roto, y solo dos veces he leído sobre ellos, por lo que me recuerda a ‘Las vulnerabilidades’ de Elvira Sastre. Esos pies colgando que nos deja el cuidado cuando sabemos que no va a ningún lugar, que acariciamos a un gato que no quiere ser acariciado, pero se deja.

‘Un animal imposible de salvar al que además no tiene nada que ofrecerle’ Puede que reducirnos a esa parte animal lo simplifique y haga más fácil de entender todo, que no de soportar.

Llegando ya al final de la novela dice ‘ Tú sabes que los cuentos pueden seguir y terminar como a ti te dé la gana ¿verdad? ’ Y supongo que a todos nos viene bien recordarlo de vez en cuando, porque ya no somos de aquellos abuelos que nos enseñaron el mundo, y debemos cegarnos cada vez menos por las mujeres que se arrancaron la venda de los ojos por nosotras, y tenemos que aprender a cuidarnos como nos han enseñado a cuidar al resto.

Qué fácil ¿verdad?

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