También es cierto que con el paso del tiempo me he dado cuenta de que quizá estaba perdiendo mi propia forma. La suerte de la adaptabilidad, también lo es para quienes se aprovechan de ella. Al final todo en la vida es un poco puzle, cada pieza de una forma tiene una contraria. Así, las personas adaptables se acaban encontrando con aquellos que no lo son, y cambian su forma, y se hacen puzle, y encajan, claro que encajan, pero ¿a qué precio?
Los cambios pocas veces se ven venir, suelen aparecer delante de nosotros, y nos toca hacer lo que podamos con ellos. Podemos llevarlo mejor o peor, tener que esforzarnos más o menos, pero tendremos que encontrar la forma de hacerlo. Depende en gran parte de nosotros, por supuesto, pero ¿qué hay de los que están alrededor? Pueden ser cojín, y acoger la deformación haciéndola parecer más suave. También hay quiénes parecen pared y casi nos aplastan contra el cambio.
¿Parece que hablo de cambios negativos? No quiero que pienses eso, todos los cambios cuestan, da igual si su evaluación final es más o menos positiva. ¿Y qué hay de la necesidad? Esas veces en que sabes que el cambio tiene que darse, que tarde o temprano te tendrás que adaptar, pero está en tu mano, y tu mano decide no moverse.
Quizá todo tenga su momento, si no pasa ahora no lo es y todas esas cosas que nos decimos cuando no queremos aceptar. Cuando el miedo es más grande, y se coloca justo entre nosotros y el cambio, es cuando creemos que la adaptación es imposible. Siempre es mentira.
¿Pero entonces es bueno o malo adaptarse? Es bueno si lo quieres tú, es malo si lo haces por el resto. ¿Qué fácil no? Ya ya sé que no lo es, pero como todo, con la práctica se aprende. Y acertarás, te equivocarás, te arrepentirás, te harán mucho daño, y harás daño también.
Los piratas llevaban un parche negro en el ojo para ver mejor en la oscuridad. Esto se debe a que el ojo humano tarda entre 6 y 25 minutos en adaptarse a la oscuridad. Cuando entraban al interior del barco, para no perder ese tiempo, cambiaban el parche de un ojo a otro para usar el que ya estaba adaptado a la falta de luz.
Somos un poco piratas ¿no crees? Vale que puede tener muchos significados, pero ¿no vamos por ahí con el parche puesto? Perdiéndonos la mitad del paisaje por adaptarnos a cambios que ni siquiera queremos, sacrificando la mitad de lo que somos, de lo que sentimos, por caber en una caja de zapatos, oscura y ajena.
Quizá debamos probar lo diferente, ¿siempre te adaptas? Prueba a no hacerlo, vas a flipar con lo que te vas a encontrar. Te aviso de que no será del todo agradable, pero aprenderás muchísimo. ¿Vives manejando la verdad suprema? Prueba a escuchar, que lo mismo también flipas.
Te propongo observarlo, encontrar esas cosas a las que te adaptas, aquellas en las que haces a los demás que se adapten, y la importancia e influencia que tiene eso en tu vida y la del resto. Es un ejercicio simple, de cola de supermercado o espera de bus.

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