Ahora tenemos fotos de todo, y con ‘de todo’ me refiero a que muchas de ellas están de más. Sin embargo somos incapaces de encontrar una foto especial que recordamos haber hecho, se pierde entre platos de comida y gatos callejeros.
En una de estas situaciones me propuse borrar todo lo que está de más y vaciar el móvil de una forma más lógica que haciendo una carpeta de 15 mil fotografías, que claramente no volveré a mirar en la vida. Lo digo por experiencia propia.
A lo que iba, me he dado cuenta de varias cosas que me gustaría compartir contigo. Por ejemplo, esta era de la fotografía que nos la ha hecho más accesible a todos, creo que empieza a suponernos un problema respecto a los recuerdos. Yo tengo una foto con cinco años, en una reunión familiar en la que río con x persona. En esa foto se refleja el recuerdo de que en esos años solíamos hacer esas reuniones familiares, y quizá recuerde algún detalle especial y concreto de una de ellas, por su importancia o por simple casualidad.
¿Y ahora? Voy un fin de semana con mis amigas, y como resultado, cuatro años después, tengo foto de cada cosa que comimos, un vídeo de cada tontería con la que reímos, y hasta puedo consultar la forma en que encajamos las maletas en el maletero.
Es guay, es algo bueno, me he reído mucho volviendo a estas imágenes, pero, ¿no nos estará pasando un poco el efecto Google? No sé si sabes lo que es, pero te lo resumo: nuestro cerebro guarda menos información por saber que esta información está disponible en Google. Digamos que es una forma de ‘ahorrar espacio’ mental, no nos esforzamos en aprender cosas que antes sí que aprendíamos porque total, todo está en Google.
¿Lo estamos haciendo también con nuestros recuerdos? ¿Tenemos todo tan archivado y accesible en el tiempo que recordamos con menos intensidad? Pues sí, fotografiarlo todo conlleva dos consecuencias: por una parte no damos tanta importancia a no olvidar y crear recuerdos, y por otra parte, estamos tan ocupados en el móvil que estamos prestando menos atención a lo que ocurre, que a asegurarnos de que queda guardado.
Hay pocas investigaciones sobre este tema, pero algunas ya confirman que, aunque sea un sistema eficiente, y tener todas esas fotografías nos permitan recordar qué comimos exactamente sin ocupar espacio en nuestra memoria, sí que influye en la calidad de ese recuerdo, pues no recordaremos otros detalles como el sabor, o qué hablábamos durante esa comida. Puede que de no haber estado haciendo la foto, recordásemos que la amiga que teníamos sentada al lado estaba contando algo muy importante para ella.
Soy la primera culpable de tener 48 fotos del mismo atardecer, y no, no vamos a dejar de hacerlo, pero quizá concedernos días o situaciones en las que el teléfono móvil no sea lo principal en nuestro campo de visión, ayude un poco a establecernos en el mundo como algo más que una máquina de archivar tiempo.

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